lunes, 9 de abril de 2012

Una punzada


Esta noche me ha despertado la misma sensación de ayer. No era necesario sufrir para saber que era dolor.
No dolía nada, pero era muy clara la sensación de la que debía tratarse. No tendría sentido de otro modo. Ni el hambre, ni la sed ni el frío eran capaces de interrumpir el sueño de una forma tan abrupta.
Antes consideré que pudiera ser miedo. Tenía sentido despertarse de repente a causa del miedo, no obstante descarté la idea de inmediato. Uno le teme solo a lo que está por venir, o mejor dicho, por lo que pudiera ocurrir en el futuro, y en ese momento no esperaba nada. Hasta donde podía recordar, no le temía a nada. Eso que me aquejaba sin duda debía ser dolor.
Hay quienes dicen que solo vivimos para sentir dolor. El dolor nos mantiene vivos. Mi condición dicta que no debería sentir nada. ¿Qué si no el dolor podría despertarme en las noches? ¡Hace ya tres días que estoy muerto!     

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